El pintor
Estanislao vivía para su pintura, pero, a pesar de su éxito, había algo que no le permitía sentirse satisfecho. Siempre que terminaba un cuadro pensaba en el siguiente como una composición distinta, sobre todo más luminosa. Deseaba poner más color y luz a su obra. Tenía que conseguir que tuvieran más fuerza en su conjunto, que esa luminosidad y alegría que él les transmitía se viera reflejada en los semblantes de quienes lo contemplaran









